lunes, 1 de abril de 2013


ANÉCDOTAS DE INVESTIGACIÓN

Seguramente todos nuestros colegas tendrán muchas cosas para contar de cada investigación. Y no precisamente sobre la investigación en sí, sino todas esas perlitas que cuando hacemos nuestros informes para presentar y publicar, nos guardamos porque consideramos que no forman parte del hecho investigativo.
Lo cierto es que, a pesar de que tratamos de ser coherentes en lo que vamos a estudiar, una vez que nos adentramos en la investigación, somos parte de lo que vaya ocurriendo. Como cuando los físicos dicen que el investigador forma parte del experimento en marcha.
Y nosotros no somos la excepción.
En 1989 estábamos trabajando con un grupo de Contactos Telepáticos, encargado nuestro trabajo de investigación por el Profesor Fabio Zerpa.
Era un grupo de cinco personas, con habilidades paranormales por encima de la media, a quienes yo misma conducía a estados modificados de consciencia y Eduardo Grosso, mi marido, sin entrar en la experiencia, oficiaba de testigo y llevaba las anotaciones de lo que se obtenía en las sesiones.
En una de esas experiencias, todos recibieron un “mensaje” que los invitaba a dirigirse al “Triángulo de Fuerza” que se encontraba entre el antiguo ATC, canal 7 de Televisión, y la Facultad de Derecho. Era una muy fría noche la  del  8 de agosto, pero allí fuimos. Gran sorpresa nos llevamos, pues el lugar estaba atestado de gente de varios grupos de contactos que habían recibido el mismo mensaje. Habría unas cien personas de los grupos de Pedro Romaniuk, del grupo Alfa y otros.
Una vez que se hizo la hora estipulada en los mensajes, todos se pusieron en ronda (grande por cierto), y trataron de tomar contacto con los extraterrestres, guías, Hermanos Mayores o como cada grupo quisiera llamarlos.
En un momento muy breve después de que todos hicieran silencio, unas luces blancas aparecieron desde el norte bajando y casi de inmediato se pudieron ver luces rojas y se escuchó un sonido fuerte.
Todos comenzaron muy excitados a invocar y agradecer a los Hermanos que habían acudido a la cita.
Eduardo, conocedor de la forma de los  aviones y sonido de las turbinas, dijo en voz alta que era un avión 737 de Aerolíneas Argentinas que venía bajando hacia el Aeroparque. Aseguro que casi me quedo viuda. Ninguno de ellos quiso entender que era un avión, y se le vinieron a Eduardo encima como para matarlo. Pero era un avión, bajando en Aeroparque a las 23 hs.
Luego del revuelo y como nada más pasaba, se fueron prácticamente todos; pero por las dudas nos quedamos, para eso estábamos investigando, para saber si los contactos podían ser reales. No dejábamos de lado, que más de cien personas habían recibido el mismo mensaje de estar allí esa noche. Pues, a las 3 hs. de la madrugada, una luz amarilla surgió detrás del edificio de la Facultad, muy intensa, estuvo detenida por unos segundos y luego sin más, desapareció. En realidad, fue un espectáculo inesperado.
En ese año, 1989, habíamos investigado en enero el caso “Club Viajantes” en Pergamino, un caso de entidades que fueron vistas por cuatro chicos, en la calle lindera a la parte posterior del Club, con avistamiento del OVNI por parte del sereno de un predio con máquinas agrícolas a escasos cien metros del club, y teniendo como testigo de las luces que emitía el OVNI dentro del Restaurante de la Institución, a la conserje, Sra. Leal. En este caso, los testigos de las entidades fueron a buscar a la Policía, que llegó al lugar para revisar.
Nos enteramos también un mes después, que muy cercano a este lugar situado en la ruta 188, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), había tenido la “visita” de una luz muy potente bajando en su predio, a la que el cuidador nocturno, le había descerrajado todo el cargador de su arma, aparentemente, sin dañarla.
El INTA  se encuentra en la Ruta 32, que une la populosa Ciudad Pergamino con la Ciudad de Salto.
Volvimos al lugar en las Pascuas, por lo que estuvimos allí el Sábado Santo y el Domingo de Pascuas de 1989.
Decidimos salir a investigar el sábado a las 12 de la noche; saliendo de Pergamino por la ruta 8 y tomando a la derecha por la ruta 32, nos dirigimos hacia el INTA.
Llegando a los amplios campos del INTA, vi unos rulos de niebla que empezaban a formarse delante de nuestro coche. Así se lo dije a Eduardo, que me contestó:” Sí, ya estamos en el INTA.”
La niebla se hacía más espesa a medida que avanzábamos; pero lo extraordinario es que se cortaba a la izquierda del coche. Se podía ver del otro lado de la ruta todo perfectamente, tanto los galpones, los alambrados, tendidos eléctricos y las luces. Pero sobre la derecha, en el INTA, todo era una muy espesa niebla, como un telón blanquecino.
Seguimos hacia adelante, y muy cerca de la entrada se apagaron las luces del auto, se paró el motor y se quedó sin contacto.
Con Eduardo nos miramos y los dos dijimos:”…A México…”, recordando el Caso Vidal.
Allí estábamos esperando que pasara lo que debiera pasar. Unos momentos después, dos luces aparecieron por una curva, a unos trescientos metros de nuestra posición. En ese momento volvieron a encenderse las luces de nuestro auto, y Eduardo giró la llave y el motor reaccionó. Era un auto que venía de frente, y pasó por la otra mano de la ruta, sin inconveniente.
De inmediato, dimos la vuelta y nos instalamos estacionando el auto unos quinientos metros antes de la entrada del INTA, lugar  donde nos quedamos sin motor ni luces. Allí estuvimos durante algo más de una hora; la niebla no se disipó, pero nunca alcanzó ese lado de la ruta en la que estábamos esperando a que algo pasara o algo pudiéramos ver. No sucedió nada más y volvimos a Pergamino.
Al día siguiente, por la mañana, tomamos nuevamente la ruta 32 para ir hasta la ciudad de Arroyo Dulce, lugar de nacimiento y niñez de un abducido, que, por otra de esas “casualidades” habíamos conocido cuando investigamos el caso “Club Viajantes”. En el mismo lugar donde la noche anterior, nuestro auto se había quedado sin energía con lo que conocemos como efecto EM, el parabrisas delantero se hizo trizas. Seguía el efecto electromagnético en el lugar. Nuestro gran problema: que era domingo, de Pascuas, no podíamos encontrar ningún lugar abierto para reponer el parabrisas del Renault y debíamos volver a San Fernando, y era el coche de mi suegro. 
Una investigación que terminó siendo más costosa que otras, pero muy divertida.
Ahh!!, por las dudas, no tuvimos tiempo perdido, así que no fuimos abducidos.
Hay más anécdotas para este Blog.
Liliana Flotta

La autora frente a los predios del INTA  de Pergamino.

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